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Los sabores de Colombia


Mercedes Chacín.-A mí Colombia me sabe a letras. A una hojarasca mojada y a un coronel escéptico. A un amor atemporal. Al Orinoco y al Magdalena. Al sabor del amor imposible de Florentino Ariza y Fermina Daza y queremos uno igual aunque el final sea triste. Colombia sabe a amores incondicionales e infinitos. Sabe a esas letras de las putas que dejan de ser tristes y al laberinto de Bolívar que no nos hace perdernos sino ubicarnos, viendo la estela del vuelo amarillo de millones de ojos llenos de alientos de esperanza.
A mí Colombia me sabe a violencia. Es la historia que más conozco y la que más duele, porque ahí no hay ficción ni realismo mágico del que agarrarse.
En mis 52 años, de amor y de guerra, sólo he conocido a la Colombia convulsa e irredenta. A la Colombia de la guerrilla eterna. A la Colombia del paramilitarismo y del narcotráfico. Y nos vienen a la mente distintas formas de violencia, distintas formas de asesinar, distintas formas de hacer que el talento sin probidad se llene de sangre y muerte.
A mí Colombia me sabe a ideología. Me sabe a M19. A Camilo. A Gaitán. A humorismo y a crónicas de muertes anunciadas. A una guerra fratricida que quiere llegar a su fin pero hoy cuando esto escribimos el “sí” aún es una quimera.
A mí Colombia me sabe a infancia. Al bachaquerismo de antaño. Si decimos Cúcuta y Maicao nuestra infancia pueblerina se agolpa en forma de bluyines, de zapatos y de pantaletas leonisa mata efluvios de sexo y ganas. Y así se nos agolpan mil conexiones, mil nombres, personas lejanas y cercanas, amores de pasillos y de talleres de periodismo, mariposas amarillas y diversión en Cartagena, cumbia y vallenato, poemas y canciones.
A mí Colombia me sabe a Uribe. Nos sabe amargo porque queremos que Colombia sepa bonito. No queremos la traición. No queremos el negocio turbio, la moto sierra presta para acuñar terror en los corazones buenos. No queremos bases militares gringas ni un Estado soportado en narcos o impuestos de negocios llenos de pólvora.
A mí Colombia me sabe a Chávez. Me sabe a aquella frase “usted no le faltó tiempo, sino cojones” y me gusta porque es eso lo que pensamos. Me sabe a Chávez mediando en noticias de secuestros, mediando con sus homónimos comandantes y guerrilleros, mediando para la paz, mediando para el amor que sentía por ese pueblo.
A mí Colombia me sabe a Bolívar. Me sabe a Bolívar muriendo. A Bolívar amando. Al Bolívar militar y al Bolívar integracionista. Al Bolívar invocando la unión de América. Al Bolívar de la Gran Colombia. Al Bolívar visionario de las horas que ahora vivimos.
A mí Colombia me sabe a hermana, aunque nos cuesta entender por qué desde allá a veces nos quieren coser a plomo. Y entonces me sabe también a resistencia. A pueblos en resistencia. Y entiendo que continuamos andando el mismo camino que trazó Bolívar. Y que de eso se trata también la paz. Sigamos.

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