Prensa ICEC.- Los cimientos de los pueblo deben su fortaleza a la defensa y polarización de sus manifestaciones culturales. Los bailes como forma de comunicación permanente, se convierten en una manera en la que a través de movimientos, tipos de vestimentas y expresiones verbales, el ser humano logra crear conexiones visuales, estéticas y emocionales.
Definido en el tiempo con el año 1954 y teniendo como espacio la población de Macapo en el municipio Lima Blanco del estado Bolivariano de Cojedes, se inicia un baile que no tardó en hacerse gustoso entre los habitantes de la zona. El estilo denominado Fandanguillo es una expresión musical y dancística que reúne elementos vocales de momentánea improvisación, en los que la pareja debe ser atenta y diligente al momento de hacerse en la pista de baile.
“Joropo cerreño” fue una de las primeras frases usadas por Pedro Rafael Reyes Rodríguez, uno de los pioneros del Fandanguillo en el estado Bolivariano de Cojedes. El violín, cuatro y maracas son los instrumentos usados para lograr el ritmo que, luego de 10 años de su creación, en la formalidad de trajes que van desde el pantalón a la rodilla, sujetado con una delgada liana de fibra extraída de la planta de topocho, sombrero de cogollo para los caballeros y largas faldas de variados colores para ellas así como alpargatas para ambos. Para el momento se disponían a participar en el festival suramericano de bailes tradicionales, en la cuidad de Caracas, como resultado de la representación los dirigidos por Pedro Rafael, se les distinguía al obtener el tercer lugar de la clasificación general.
En cada uno de los senderos, espacios abiertos, hogares y personas que habitan en Cojedes, se encuentran historias completas de épocas que aportan cada día aspectos positivos a la formación del pueblo. Pedro Rafael Reyes Rodríguez se convierte en otro portador de las tradiciones que dan a conocer a Cojedes como potencia cultural.




