Carola Chávez.- En estos días no es fácil ser dirigente opositor. Imagínense a un títere que no tenga quién le tense las cuerdas; pues, más o menos así están ellos desde que llegó Trump a la Casa Blanca. Porque pasan los días y de la boca de Trump no sale ni una señal ni una amenaza. Angustiados, desmenuzan noticias buscando algún indicio, alguna dirección, aunque sea de segunda mano, algo que les diga que Trump sí va a soltar los dólares para comprar el país que ellos están tan ansiosos de vender. Y nada…
“¡Yupi! El nuevo secretario de Estado es el ex presidente de la Exxon, Rex Tillerson. ¡Qué alegría! Acuérdense de que Chávez, a diferencia de nosotros, no dejó que la Exxon siguiera llevándose el petróleo a precio de bitumen. ¿Te imaginas el realero que perdió esa gente por culpa del chavismo? ¡Tomen su tomate, pues! Pero… ¡no puede ser! El tipo es amigo de Putin. ¡Y el muy Putin hasta lo condecoró! Y Maduro se entiende con Putin, y Lavrov se reunió con Delcy, y el Gobierno ruso emitió un comunicado rechazando la desestabilización de Venezuela y eso es injerencia y no lo vamos a permitir y así lo denunciamos desde la Asamblea Nacional. ¡Ay, Obama! Antes era todo tan sencillo: tú siempre pendiente, chico, hasta declaraste a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para los intereses de EEUU, como debe ser. Y nosotros aquí, prestos a defender tus intereses: give me money, give me money; y money siempre había… Pero ahora…”.
La incertidumbre también alcanzó a Almagro, quien trata de disimular su orfandad cipaya achacándole al Vaticano la imposibilidad de aplicarnos la Carta Democrática.
“¡Maldito Papa!”, grita la piadosa oposición.
Para colmo, culp’e Trump, en los medios internacionales, esos importantísimos aliados de la oposición, no quedó espacio para pintarle al mundo una Venezuela infernal dirigida por un sanguinario demonio. Ahora, Trump ocupa todos los titulares. Es tal el abandono que desde hace dos semanas no mencionan a Venezuela en Antena 3, canal español que dedicaba todos sus noticieros a explicarle a Paco y a Lola, allá en Cadiz, lo terrible que es vivir en Guatire.
Mientras tanto, la dirigencia opositora hace lo que sabe hacer: viajar. Esta vez para tomarse fotos con otros títeres regionales que, huérfanos como ellos, esperan ansiosos un silbido del amo.





