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De Chávez venimos y hacia Chávez vamos

Ciudad Caracas.- El presidente Nicolás Maduro escribió el prólogo del libro que recopila los programas Aló Presidente Teórico
Primero que nada, quiero felicitar al Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías por la encomiable labor editorial que viene realizando y celebrar la salida de este libro que recoge la riquísima experiencia del Aló Presidente Teórico.
Todo lo que hagamos por difundir de diversas maneras el pensamiento de nuestro Comandante Supremo es necesario de toda necesidad porque de Chávez venimos y hacia Chávez vamos. Tal venir y tal ir nos exigen mucho y debemos merecerlos. Chávez va siempre adelante, en la vanguardia, y nos reta, nos exige mucho.
Tenemos hoy más que nunca la altísima e indelegable responsabilidad de mantener vivo y actuante el luminoso e inmenso legado de nuestro Gigante. Y se trata de hacerlo no de cualquier manera sino con la debida calidad revolucionaria.
II
En estas páginas que recogen sus intervenciones en los Aló Presidente Teórico, nos encontramos con un Chávez en la luminosa plenitud de su pensamiento, ejerciendo un tipo de magisterio nada común: un magisterio que no se las sabía todas. Chávez era capaz de ejercer la más alta pedagogía política porque no cesaba de aprender, porque era un lector tan apasionado como infatigable. Un lector que leía activamente en los libros al igual que en la realidad.
Bien podríamos definir a Chávez como un estudioso en medio del vértigo de la acción, un investigador militante y, en esa misma medida, un difusor y un multiplicador de las ideas, del pensamiento crítico.
Tenía un hambre y una sed de saber francamente contagiosas. Amén de una notable capacidad, como ya lo he dicho, de ordenar la cabeza de quienes lo acompañamos de cerca.
Hay una cuestión central en Chávez el hombre de ideas: era capaz de acopiar y avecindar distintas tradiciones, diversas líneas de pensamiento. En eso era un librepensador, uno de los librepensadores más singulares y libérrimos que hemos tenido en Venezuela. Y lo fue sin ninguna clase de temor porque rechazaba los dogmas y las dogmáticas.
Al leer y releer estas páginas, uno se encuentra con el Gigante ejerciendo a cabalidad su rol de Maestro, en tanto que gran inductor de la discusión colectiva y del pensar en colectivo. A la manera de Gramsci, desde la específica experiencia venezolana, Chávez concebía al pueblo como intelectual colectivo, esto es, como pueblo pensándose a sí mismo al pensar la realidad nacional, pensándose y pensándola para transformarla cada día.
Si Chávez es el pueblo, tal y como decía aquella divisa revolucionaria, se trata de un pueblo que se pone al mando de su devenir histórico porque es capaz de pensar con cabeza propia y no permite que nadie piense por él; es un pueblo, entonces, como diría el sabio Spinoza, pleno de potencia, de potencia creadora y liberadora.
III
El Aló Presidente Teórico fue concebido por el Gigante como un nuevo ciclo del Aló Presidente en el año 2009: recordemos que se transmitía los días jueves y se desarrolló entre junio y agosto de ese mismo año. Creo que ha sido la primera vez en el mundo que un mandatario dedica por entero un espacio televisivo, son las palabras del Gigante, “a estudiar y profundizar la teoría, las ideas”. Chávez siempre rompió paradigmas y, por eso mismo, su ejemplo es tan luminoso como inagotable: nos sigue marcando el camino.
Si el Aló Presidente se convirtió en un foro de educación política popular, en una experiencia concreta de cómo hacer comunicación revolucionaria, el Aló Presidente Teórico venía a ser un necesario complemento. Necesario de toda necesidad porque vaya que la formación teórica es insustituible y en esto estaba absolutamente claro nuestro Gigante. Ciertamente, y aquí me hago eco de un planteamiento del Maestro Rigoberto Lanz, la inconsistencia que arrastramos –y que es visible y tangible en la gestión pública a todos los niveles– tiene que ver con vacíos formativos.
En especial, la juventud identificada con la Revolución Bolivariana tiene que estar clara en un punto de la mayor importancia: la praxis revolucionaria tiene que ir pareja con la construcción de una teoría revolucionaria. Si no van parejas se suscitan atolladeros, impases, problemas y errores de todo tipo. Una transformación radical de la sociedad precisa de los más sólidos soportes teóricos.
En la primera edición del Aló Presidente Teórico, el Comandante lo decía con absoluta claridad: “es imposible que haya una revolución si no hay teoría revolucionaria”. Y una teoría revolucionaria se construye colectivamente, no es propiedad de nadie, no es el fruto de un cenáculo de cabezas iluminadas.
Tenemos que redoblar esfuerzos en esta precisa dirección y, por supuesto, necesitamos del concurso activo de nuestras intelectuales y nuestros intelectuales.
En realidad y en verdad, más que describir lo que fue el Aló Presidente Teórico en estas líneas, me importa resaltar su proyección de cara al presente y en relación con la batalla de ideas.
En la experiencia del Aló Presidente Teórico hay una semilla que necesario es que volvamos a sembrar en esta nueva etapa de la Revolución Bolivariana. Me estoy refiriendo concretamente a la necesidad puntual que tenemos de replantearnos a fondo la batalla de ideas para tomar de una buena vez la ofensiva. Es crucial que salgamos de la reactividad, que tengamos la iniciativa en el combate de cada día.
Ahora bien, tomar la ofensiva en la batalla de ideas implica reimpulsar la construcción colectiva de la teoría revolucionaria que necesita la Revolución Bolivariana. Una teoría que sirva para iluminar los caminos de la praxis transformadora; una práctica teórica que nos permita sortear obstáculos, que nos permita ver con claridad para avanzar.
Poder Popular, Consejos Comunales, Comuna, el Partido Socialista Unido de Venezuela, la juventud del Partido, el papel revolucionario de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la unidad cívico-militar, la formación socialista, esto es, los diversos temas sobre los que discurrió nuestro Comandante en estas seis ediciones del Aló Presidente Teórico, son temas claves en tanto ejes de la praxis revolucionaria, y necesitan de un apuntalamiento teórico continuo: a esta labor nos sigue convocando Chávez desde estas páginas. Generar colectivamente teoría revolucionaria, entonces, no significa alejarnos de la praxis transformadora. Por el contrario, es la mejor manera de darle cauce.
Por ejemplo, tomemos un planteamiento fundamental del Comandante en el primer Aló Presidente Teórico dirigido a las comuneras y los comuneros: “Aduéñense del espacio, legislen sobre el espacio, sobre el territorio, sobre las aguas, los recursos, la naturaleza, el ambiente, la ecología, los desechos sólidos o líquidos producto de la vida humana, y de la dinámica social del territorio”. Allí está el pensamiento abriéndole el camino a la iniciativa popular, a la praxis comunera, al empoderamiento colectivo, al pueblo legislador.
Extraigo otro planteamiento fundamental dirigido a los militares en el cuarto Aló Presidente Teórico para ejemplificar: “…atropellamos al pueblo el 27 de febrero y éramos supuestamente el pueblo en armas, ¿por qué? Porque nos desclasaron, nos separaron de la conciencia de lo que somos, al propio pueblo le borran su conciencia y muchas terminan sirviendo al explotador y admirándolo además”. Aquí habla el bolivariano de siempre, el más grande de los reivindicadores de nuestro Libertador, el soldado de Bolívar que encarnó aquel mandato final de empuñar la espada en defensa de las garantías sociales, de los derechos del pueblo. Allí está su pensamiento forjando memoria para generar conciencia en nuestros soldados y nuestras soldadas sobre el pasado al que no debemos retornar jamás.
Retomo la cuestión decisiva de la batalla de ideas. Si de verdad captamos la complejidad y las dificultades de esta etapa, necesario es que no descuidemos la más importante de las batallas porque en ella hemos perdido terreno y nos toca ser rigurosamente críticos y autocríticos, sin buscar justificaciones ni excusas. A propósito: el resultado electoral del 6 de diciembre de 2015 no fue fruto de la casualidad.
Hay que reiterarlo con radical honestidad: perdimos terreno en la batalla de ideas, esto es, no fuimos capaces de ser como Chávez. Ciertamente, la oposición logró su objetivo: sembró confusión en densos sectores del pueblo, llevándolos a votar contra sí mismos.
Si la oposición logró crear confusión, quiere decir que nosotros fallamos, que no hicimos el trabajo con la lucidez y la energía debidas, sobre todo tomando en cuenta la realidad de la brutal y despiadada guerra económica que venimos enfrentando y que padece nuestro pueblo. Ese enemigo mortal nuestro que se llama triunfalismo volvió a hacer de las suyas, y descuidamos la batalla de ideas, batalla que acontece en la vida cotidiana de nuestro pueblo, descuidando en primer término nuestro posicionamiento argumental en ella.
Tenemos que prevenirnos contra los peligros del tareismo. El tareismo es la negación del pensamiento.
Peor aún: el tareismo hace que nos encapsulemos, que perdamos contacto con la realidad. Terminamos, entonces, oyéndonos a nosotros mismos, y dejando de oír la interpelación popular, o haciendo que la oímos para pasar rápidamente a otra cosa. Y oír de verdad la interpelación popular robustece nuestro posicionamiento argumental en la batalla de ideas.
Aquí necesito puntualizar una cuestión que tiene máxima importancia: crear conciencia es una labor que no termina nunca; la irreversibilidad de la vía venezolana al socialismo se juega allí cada día. No está dada de antemano ni va a hacerse irreversible por prodigios divinos.
Si Venezuela cambió para siempre como bien dijera el mismo Comandante, no podemos perder el rumbo que ya está dado, el rumbo que llevamos; si Venezuela cambió para siempre tenemos que asegurar cada día que sea así. Retrogradar sería perder la Patria que hoy tenemos, la Patria Perpetua a la que el Gigante consagró enteramente su vida. Insisto: no podemos descuidar la batalla de ideas y el debate creador, y en esto es insustituible que consagremos tiempo a la lectura y al estudio. Igualmente, tenemos que consagrar tiempo también a la reflexión común y compartida, a la discusión colectiva, amplia y abierta, sobre el devenir de nuestra Revolución Bolivariana. Ser como Chávez pasa necesariamente por allí.
Todas y todos juntos somos Chávez en la medida, y tomo aquí las palabras de su gran Maestro el general en jefe Jacinto Pérez Arcay, en que seamos invadidos por la angustia del conocimiento y nos dispare toda la vida.
Ser como Chávez no es coser y cantar: es un reto y un desafío que nos exigen superación permanente, esto es, nos exigen maximizar el coraje y la audacia, la creatividad y la lucidez, la eficacia política y la calidad revolucionaria; maximizar también nuestra capacidad para repensarnos y reinventarnos. Se trata de que todas y todos saquemos al Chávez que llevamos por dentro. En la medida y solo en la medida, en que nuestro pensamiento y nuestra praxis lleven el sello de Chávez estaremos garantizando la irreversibilidad de la vía venezolana al socialismo.
Nicolás Maduro Moros

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