Carola Chávez.- “Si
yo fuera venezolano, no iría al diálogo”, dice, echado en su
alfombrita, el perrito, -perdón- el canciller peruano. Almagro también
ladró, porque eso de que hablando se entienda la gente no le agrada al
amo y, por supuesto, a Almagro tampoco. Así, a ladridos, sus aliados
internacionales profundizan la fractura de la oposición.
Hoy la oposición se divide en dos bloquecitos: los
que van al diálogo y los que no. Estos, a su vez, se subdividen en
dialogantes electorales, dialogantes abstencionistas, dialogantes
abstencionistas que van a elecciones con tarjetas alquiladas de partidos
que ni fu ni fa, los que ¡no es no!, los calle y más calle sin retorno,
pero que no salen ni a la esquina, los que saldrian pero no hay quien
los acompañe… y Julio Borges, retratándose con todos: un día con Juana
la Loca, que ahora dice que “Ella es Venezuela”; y el otro, empujando
para subirse al avión que los llevará a Dominicana.
Un avión atapuzado, por cierto: empresarios con
voz democrática de Fedecámaras -¡Te queremos Pedro!-, expertos
mediadores -graduados en Harvard y tal-, que no han sabido mediar entre
las partes irreconciliables de aquello que se llamó La MUD, influencers,
opinadores, distinguidos representantes de la sociedad civil… Todos,
con vocación de monólogo, llevan al diálogo sus exigencias
innegociables, o sí o sí, o no es no. Así son…
Su bandera: un “canal humanitario”, para que nos
traigan al país los alimentos y las medicinas que las sanciones
económicas que promovieron ellos mismos, no nos permiten comprar. Un
canal humanitario que, inevitablemente, nos remite a Libia, hoy
convertida en un mercado de esclavos que opera sobre los escombros de
aquel país. Canal humanitario, el nuevo eufemismo para la intervención
internacional y el despojo de la soberanía.
El canal humanitario y “elecciones libres”, no
como las de 2015, con ese CNE chavista, cuando la oposición ganó la
mayoría de la Asamblea Nacional. Y nada de adelantarlas, como exigían el
año pasado, antes de los revolcones electorales que sufrieron este año.
Antes del revolcón del próximo domingo.
Van a diálogo, sin más remedio, derrotados,
entrampados en sus propias trampas, van a regañadientes, pero van, y
mientras estén ahí, gana la paz y ganamos todos, incuso los que están
furiosos con los que fueron a dialogar.





