Carlos Ramírez.-La derecha radical venezolana está convirtiendo al país en una sociedad tribal. Una donde las personas se juntan y son solidarias solamente con las que piensan lo mismo, y que desprecian intensamente a las que piensan distinto. Tenemos que dar vuelta a ese círculo nocivo de la convivencia violenta, y salir hacia la convivencia y la cooperación.
Los venezolanos somos caballo viejo como nos enseñaba el Tío Simón, y, por tanto, no podemos darnos el lujo de perder más flores, porque después de esta vida no hay otra. Somos así de valiosos. Somos esa flor. Cada uno de nosotros es esa única flor. Y por eso es que Maduro ha puesto, como mascarón de proa de esta campaña y de lo que será su próximo período, a la paz social.
Oscar Wilde decía que el "problema con el socialismo, es que ocupa demasiadas noches". Y tenía razón. Porque esa es también su fortaleza. Porque muy probablemente no lleguemos nunca a comprendernos con la derecha. Y por lo mismo, nuestra búsqueda no es la de la comprensión, sino que la del compromiso con el otro. El de la construcción de una sociedad donde todos estemos comprometidos con todos. Los venezolanos de derecha con los de izquierda y viceversa, los jóvenes con los ya no tanto y de vuelta, un compromiso de existencia entre todos los géneros, entre rojos y verdes, entre buenos, malos y feos. Entre todos.
Y ese compromiso exige que conversemos, que discutamos, que convivamos. Y esa es nuestra invitación a la derecha moderada. Que perdamos el tiempo ganándolo.
Que nos juntemos a discutir largas horas hasta llegar (o no) a una conclusión. Porque algo que parece tan improductivo como juntarnos a conversar, deja de serlo si, gracias a eso, personas que pensamos distinto aprendemos a estar juntas. Porque la eficiencia en la administración de Maduro pone su objetivo primordial no en la decisión, sino que en la paz. En la convivencia. En el compromiso con el otro.
Por eso es que, desde siempre, la revolución bolivariana ha promovido los encuentros y la discusión en todos los niveles territoriales, e intensamente la participación ciudadana. Y por eso es que ahora hemos acentuado este desafío expandiendo los encuentros de convivencia política entre los venezolanos.
Pero, sobre todo, lo que el presidente Maduro propone para lograr esto, es constituir junto a los venezolanos y venezolanas, los lineamientos del compromiso de nuestra convivencia, instalándolos en el único lugar que es capaz de institucionalizar el nosotros en una sociedad, que el Estado. El sentido de la modernización del Estado que propone Maduro, es el del compromiso de los unos, con los otros. El del Estado como garante de esa convivencia y de esos compromisos. ¿Cómo en Cuba?, dirán algunos. Pues no, como en Finlandia.





