Ciudad Caracas.- Para celebrar su décimo aniversario, la Compañía Nacional de Danza (CND) ofreció ayer un tríptico de coreografías llevadas a escena por los elencos tradicional y contemporáneo, y dirigidos por los maestros Juan Carlos Linares y Miguel Issa.
La función, denominada Cartografías del cuerpo, estuvo formada por las piezas Nacer cada día, La preciosa roca de la noche y Pascua. Estas muestras dancísticas tuvieron como escenario los talleres del Teatro Teresa Carreño, espacio que le imprimió una estética surrealista y experimental a la puesta.
Cargada de enigma y movimientos muy lentos, con marcadas expresiones faciales y un efecto sonoro e iluminación contundente, arrancó la presentación de Nacer Cada día, constituida por las piezas de ese espectáculo, original del año 1994, Brisas de dolor y Madreperla, basados en la feminidad y sus virtudes de constancia y perseverancia para superar estados de inercia u obstáculos, explicó su coreógrafo Juan Carlos Linares.
El extracto La que llegó del mar, de La preciosa roca de la noche, dio continuación a la presentación basada en el arquetipo de Afrodita como imagen asociada a la fase de media luna.
Ambas presentaciones estuvieron montadas bajo el estilo de danza japonesa Butoh, también llamada danza de la oscuridad y caracterizada por ser interpretada por cuerpos desnudos pintados de blanco que realizan poses inquietantes que rozan lo grotesco.
“La experiencia con los bailarines fue muy enriquecedora, porque por primera vez tienen contacto con este estilo de danza, para lo cual tuve que transmitirles mucha información para tratar de romper ciertos condicionamientos o patrones corporales que tienen los bailarines después de un largo entrenamiento con determinado academicismo”, dijo Linares.
Añadió que el montaje de la pieza también pasó por un proceso de investigación y comprensión que se extendió por más de dos meses de ensayo con el equipo que estuvo integrado por 16 bailarines.
El espectáculo dancístico continuó con Pascua, montaje creado por el reconocido director, coreógrafo y docente de las artes nacionales Miguel Issa, en el año 1999, e inspirado en el mundo ritual familiar del Mediterráneo y de Venezuela, donde se presentan distintas situaciones que van desde la pasión y la nostalgia por los seres queridos hasta los conflictos que se pueden generar en medio de esas celebraciones religiosas.
La pieza fue interpretada por los bailarines a través de la danza expresionista alemana o danza teatro.
“Para nosotros, es un enorme orgullo poder celebrar estos diez años con estos dos directores que son dos de los creadores más importantes que tenemos en nuestro país, y que no habíamos tenido la oportunidad de trabajar con ellos en estos diez años”, explicó el bailarín y miembro fundador de la CND Armando Díaz.
UNA DÉCADA DE BAILE
La Fundación Compañía Nacional de Danza ha trabajado a lo largo de estos diez años con los coreógrafos nacionales Claudia Capriles, Félix Oropeza, Julie Barnsley, Leyson Ponce, Rafael González, e internacionales de la talla de Rafael Bonachela, Carmen Berner, Marcos Rossi y Jorge Abril, entre otros.
“Lo interesante de la Compañía Nacional de Danza es que nos manejamos con un lenguaje muy plural, muy abierto, no tenemos una línea definida de trabajo, y ahí es donde está nuestro reto como intérpretes”, explicó el bailarín, quien aseguró que los miembros del elenco deben poseer una versatilidad que les permita llevar a cabo todos los lenguajes.
Elizabeth Terán, vecina de la parroquia Caricuao, dijo haberse sentido cautivada por la pieza por su habilidad para expresar sentimientos.
“La capacidad que tiene el cuerpo de expresar tantos sentimientos en una misma escena, y cómo van aflorando, me cautivó”, dijo.
VERÓNICA ABREU ROA/CIUDAD CCS
FOTOS MILANGELA GALEA





